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#Embarcación: Desde #Panamericana, largamos un micro programa dedicado a las Malvinas y en esta oportunidad entrevistamos al Almirante Carlos Castro Madero

#LainformaciondeldiaMiercolesG4

Por #Panamericana, El almirante Carlos Castro Madero dio su testimonio sobre el ataque del submarino nuclear británico Conqueror el 2 de mayo de 1982 que provocó el hundimiento de esa nave y la muerte de 323 argentinos que "ofrendaron sus vidas en pos de cumplir con el compromiso irrenunciable del pueblo argentino de resguardar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas”.

Se conformó un grupo de tareas con el Crucero y dos destructores, el Bouchard y el Piedrabuena, con dirección al sur y con la misión de neutralizar o destruir cualquier flota enemiga, sobretodo pensando que podían venir buques desde el oeste del pacifico. Y también generarle al enemigo incertidumbre.

- ¿Ustedes respetaron la zona de exclusión?
- Nosotros estábamos fuera de la zona de exclusión. Era una figura que la teníamos en cuenta pero el teatro de operaciones era todo el océano. Así que estábamos preparados para entrar en combate en cualquier zona geográfica. Si bien la flota inglesa nos superaba en cantidad de buques como en calidad, estábamos convencidos que le podíamos hacer frente en lo que es la parte de superficie y también como defensa aérea. Lo que si sabíamos que contra los submarinos nucleares británicos no había forma de enfrentarnos.

- ¿Cómo vivió las horas previas al ataque?
- Una de los objetivos claros que teníamos era tratar de sacar de servicio a uno de los dos portaaviones británicos: el Hermes o el Invencible. El 1º de mayo se detectó un grupo de tareas británico, por lo cual se organizó la operación de ataque para las 2 de la madrugada del 2 de Mayo. Pero las condiciones meteorológicas no lo permitieron y se nos mandó a una zona de espera y de las posiciones en puestos de combate se pasó a la guardia normal. Ese 2 de Mayo, yo terminé mi guardia a las 8 de la mañana, luego almorcé y me fui a descansar porque tenía que tomar guardia a las 20. Estaba en el camarote descansando cuando a las 16 me despertó una explosión...era el ataque del submarino nuclear británico Conqueror que nos tiró tres torpedos. Uno pegó en la proa, muy cerca de mi camarote. El segundo fue el que produjo la mayor cantidad de víctimas porque pegó en el medio del buque, donde están todos los dormitorios, la dotación y la sala de máquinas. Y el tercero se desvío y no impactó.

- Apenas nos despertamos -yo estaba con mi compañero el hoy vicealmirante Alvaro González Lonzieme- saltamos y corrimos hacia cubierta donde vimos mucha gente. Yo siempre recuerdo la figura del comandante Bonzo con el megáfono en la mano -porque no había energía eléctrica por la explosión- dando instrucciones, brindando aliento y ordenándonos que vayamos a nuestro puesto de abandono. El buque ya estaba escorado 30 grados, se notaba que estaba en el final de su vida. Cuando Bonzo recibió el informe que no había forma de salvarlo dio la orden que ningún comandante quiere dar: "Abandonar el buque". Entonces todo el mundo concurrió a sus puestos, de manera muy rápida y eficiente. Hoy, 35 años después, recordar esto me produce dos sentimientos: uno de tristeza porque uno recuerda los muertos y por otra parte orgullo por la actitud de la gente, su disciplina y valentía. Lo que prevaleció fue el espíritu solidario con el camarada en dificultades.

Fuente: Panamericana/ El lugar de la noticia